jueves, 24 de enero de 2013

Ella allá y yo acá

El 19 de diciembre volví a trabajar. Lloré como una viuda los días previos, imaginándome una separación imposible e ineludible de mi bebé. ¿Cómo sería posible vivir separada de mi bebé 8 horas al día o más? Yo no lo veía posible y por eso lloraba como si fuera una presa a la que le dan unos días de permiso pero sabe que más pronto que tarde volverá a la cárcel.

Y la gente no ayudaba. Todo el mundo me decía que esos primeros días laborales eran lo peor, que separarse del bebé es durísimo, las mamás contaban su experiencia de llanto por semanas, dos tías me dijeron que ellas dejaron de trabajar... en fin. Entre mis opciones no estaba dejar de trabajar, así que me aferré al comentario que un día me hizo Cecilia Orozco, una periodista que admiro y que en alguna ocasión, cuando le conté mi angustia por volver a trabajar me dijo: "vas a ver que eso es lo mejor para las dos".

Y sí. Duro y todo pero ha sido bueno para las dos. Para mí porque recuperé mi rutina, mi vida social y profesional. Tengo ya otros temas de conversación con mi esposo, todos los días veo gente distinta y eso es sano no sólo para mi sino también para él... y para la bebé porque está bien cuidada y ya no depende solo de mí. Se ha vuelvo más sociable y acepta más fácil a terceras personas. Eso está bien.

Eso sí, vivo a las carreras: salgo por la mañana, regreso al medio día para almorzar con ella, vuelvo a la oficina por la tarde y regreso tan pronto como puedo, que no siempre es tan pronto como quiero. Hago relevos con mi marido porque en todo caso la persona que nos cuida a la bebé trabaja hasta las 6:00 pm. La vida se ha vuelto una carrera contrareloj por cumplir con los horarios pese a los trancones, la dificultad para conseguir taxi, etc. pero el esfuerzo vale la pena.


La bebé crece a pasos vertiginosos. Ya se sienta, ya come frutas, ya juega y responde a los juegos... cada día es un avance. Cada día es menos bebé. Apenas tiene 5 meses y medio pero siento nostalgia por los días idos, por cuando cabía en mi brazo o cuando la amamantaba más. Creo que ser mamá es vivir con angustia, comer sobrados y ser feliz así. Vivir con angustia chiquita permanente: angustia por saber que está bien, que no le falte nada, que esté sana... que la traten bien, que todos la quieran... que ella nos quiera.

Pero también es la alegría inmensa de volver del trabajo y ver su sonrisa, que borra cualquier rato maluco que haya podido haber a lo largo del día. Su sonrisa es la recompensa por cada día de trabajo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Comer, dormir, llorar, sonreír

Pienso que si mis compañeros de oficina me vieran "por un rotico" no darían crédito a mi rutina actual. Yo, la ejecutiva, la que hago varias cosas a la vez, mantengo el escritorio lleno de papeles, firmo cantidad de oficios en el día, mando mails, hago llamadas, cito reuniones y un largo etc... ahora veo pasar los días con ganas de no hacer nada distinto de estar con mi bebé.

El día empieza cuando ella despierta. A veces a las 7:00 am, a veces a las 9:00 am. No se sabe. Sonríe, la alimento, nos duchamos, la alimento, duerme un ratico, despierta, sonríe, la alimento, le cambio el pañal, sonríe, llora y así hasta que llega mi esposo, hacia las 6:00 pm, y hacemos el "relevo" de roles. Es el momento en el que puedo hacer otras cosas. En la noche otra vez el ciclo de ducha-alimento-sueño.

Como uno de los consejos más recurrentes es hablarle al bebé, entonces yo digamos que vivo mi vida en voz alta: "Nené: Nos vamos a bañar", "el agua está caliente", "ya se enfrió un poquito", "hoy te voy a poner un conjunto amarillo", "vamos a ver televisión", "ese es Micky Mouse", "en media hora llega papito", "va a llover" y cosas así. A veces eso se lo digo conversado, pero cuando amanezco muy simpática se lo digo cantado.

Mi bebé ya cumplió tres meses, a mi me falta uno para empezar a trabajar y como hasta ahora no me he ganado el baloto siento correr los días del calendario con pasos de animal grande: en cuatro semanas tendré que separarme de mi bebé al menos 9 horas cada día y creo que me matará la tusa... Pondré foto de ella en la oficina, en el protector de pantalla del computador y renovaré casi a diario la imagen de ella en mi celular (eso ya lo vengo haciendo) para no separarme de su sonrisa ni un minuto. Estaré trabajando con el ánimo de una despechada mientras ella posiblemente ni se entere del cambio. En fin, así es el amor.

Tengo tanta ansiedad con la separación que hace poco tuve un sueño: Yo ya tenía que ir a trabajar y no tenía quién me la cuidara. Entonces una vecina me decía que ella la cuidaba y yo se la llevaba... Los hijos de mi vecina se despedían y yo ya me iba a ir a la oficina cuando mi vecina envolvió a mi bebé en unas cobijas y la metió a la nevera. "Por qué haces eso?", le dije, y me respondió: "Es que tengo que hacer unas vueltas pero no me demoro, y en la nevera no le pasa nada". Yo me iba a trabajar un poquito preocupada porque de pronto mi bebé sentiría frío.

Amo a mi bebé de una manera total, perdida, profunda, inesperada, inefable. Todos los días le digo que le daré 500 besos diarios. Me parece la más linda, la más sonriente, la más juiciosa. "La Más", tal y como todas mis amigas con bebés describen a sus hijos: como los más... La amo con intensidad aún en las pataletas, en las tardes de llanto prolongado e inexplicable, en los ratos en los que otra persona que no la ame tanto simplemente la dejaría llorar "hasta que se le pase".

El primer gran progreso lo logramos a las 10 semanas, cuando mi santa hija pasó toda la noche sin despertar. Creo que se lo debo todo a los consejos de www.babycenter.org, que me dieron tips para enseñarle a diferenciar el día de la noche. Un éxito porque mientras algunos bebés se despiertan varias veces en la noche durante el primer año, la mía duerme de 9 am a 7 pm sin despertarse desde que tenía 2 meses.

Supongo que vendrán muchos otros progresos: cuando gatee, cuando camine, cuando deje el pañal... yo por ahora sueño con dos momentos: cuando aprenda a coger las cosas para que ella misma se pueda poner su chupo (9 de cada 10 llantos se deben a que se le cayó el chupo) y cuando pueda hablar y entonces uno no tenga que adivinar qué es lo que quiere o necesita, y además pueda poner quejas si alguien la trató mal. Creo que uno de los grandes temores de mamá es que alguien la trate mal.

Cuenta la leyenda que yo antes salía los fines de semana. Si mi bebé hubiese nacido en una ciudad de clima amable, a lo mejor saldría con más frecuencia. Pero acá un día llueve y el otro también, y el que no llueve diluvia, o cae granizo, o ventea helado. Todas las mañanas planeo paseítos que el clima arruina. Así que nuestra vida ocurre en nuestro apartamento, en nuestro cuarto y poco más. Al principio recibimos muchas visitas pero ya se acabaron... Los temas siempre giran en torno a quién se parece ella: si a mi esposo o a mi. Las apuestas son 9 - 1 a favor mío. A mi esposo le sacó el ombligo que se le cayó al quinto día... a mí los cachetes, la boca, la piel blanquísima y creo que el pelo crespo, pero aún es prematuro saber. La semana pasada estuvimos de viaje a la casa de los abuelos y mi mamá dice que no se parece a mi. En fin, fueron unas vacaciones deliciosas aunque ahora pago las consecuencias: los abuelos la consintieron hasta el cansancio y ahora quiere estar cargada todo el tiempo. Lo exige con gritos que se escuchan desde la portería del edificio.

Me quedan 5 semanas de dicha... de verla dormir, sonreír, llorar, comer y dedicarme a eso de tiempo completo. Luego volveré al trabajo, a hacer malabares con el tiempo y a sentir culpa por dejarla tan pequeña, pero hay ocasiones en las que no hay opción. Una amiga me decía una vez que es una aguafiestas-masoquista: cuando va de viaje por carretera a pasar vacaciones con su familia a la Costa, ella no piensa en la semana deliciosa que le espera sino en el aburrimiento que tendrá al pasar por ese mismo sitio de la carretera cuando ya esté de regreso. Así estoy yo en este momento, pero espero que en el próximo minuto la sonrisa de mi bebé me quite esta melancolía. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un mes después

Tenía ganas de escribir desde hace días pero no había podido porque aunque hace un mes no trabajo, vivo ocupada: Amamantar es toda una tarea (de la que hablaré más abajo), y cuando termino de amamantar hay que sacar gases, y luego cambiar el pañal, y luego arrullar hasta que la bebé se duerma y cuando se duerme mi mamá y mi esposo aspiran que me duerma yo también, pero no soy capaz de dormir por ejemplo de 11:00 am a 1:30 pm... entonces en esos ratos me conecto con el exterior, leo noticias, reviso el correo y constato que el mundo sigue tal cual aunque el mío esté total y felizmente trastocado. Alicia cumplió un mes ayer.

Escribo con dificultad porque tengo una férula en la mano izquierda que me inmoviliza el pulgar. Tengo el síndrome de Tendosinouvitis De Quervain que es una cosa dolorosísima en la mano que me impide mover el dedo y hacer cosas simples como abrir una puerta. La causa: el embarazo. Uno acumula líquidos y los míos se acumularon en un canal de la muñeca por el que van los tendones... eso fue lo que entendí. Tengo que hacer ejercicios para recuperar la movilidad porque si no lo logro en dos semanas me tendrán que infiltrar.

Esa no es la única cosa que me ha pasado en el último mes. De la cesárea ni hablar. La anestesia en la espalda duele mucho. Uno siente como un ejército pisando la espalda. Una presión enorme. Luego el médico me dijo: "Va a sentir todo pero no le va a doler" y efectivamente uno siente el bisturí cortándolo... y aunque no duele, las flojas como yo preferiríamos no sentir. En fin, todo eso se olvida cuando uno ve al bebé, es cierto... Alicia nació a las 10:50 am. Primero la oí llorar y luego la vi, hermosa y peludita... más limpia de lo que se ve en las películas de TV. Yo me la imaginaba untada de líquido amniótico y sangre pero ella no llegó así a mi. Luego se la llevaron a vestirla, a mostrársela al papá y a mi mamá, mientras a mi me terminaban de operar.

Entonces la cosa es así: uno está dichoso, medio adolorido pero feliz con la bebé, con ganas de comentar con la familia que ya nació, a quién se parece, mírenle el puntico que tiene por nariz, cosas así, cuando llega una enfermera a advertir que la materna no puede hablar porque se llena de gases y eso duele. Entonces llegan las visitas, todos hablan, opinan, y uno coma callado. Y yo me tomé en serio esas recomendaciones médicas porque en la clínica, luego de la cesárea, me desmayé 2 veces... unas bajas de presión tenaces, así que más me valía cuidarme mucho para soportar lo que se venía.

El dolor se olvida entonces cuando uno ve a la bebé, pero después de haberla visto el dolor reaparece. Las molestias de los primeros días son todas: la herida, la dificultad para caminar, para sentarse, para acostarse... y encima la amamantada... La naturaleza no es sabia. Si fuera sabia la mamá se embarazaría y el papá amamantaría al menos la primera semana... O el bebé empezaría a comer una semana después de nacer. Amamantar con una herida de esas es para machos!!!

Con razón le hacen tanta publicidad al tema de la amamantada. Eso al principio es horrible. HORRIBLE. horrible horrible horrible. El bebé no sabe chupar, uno no sabe darle, la leche se riega y moja el brasier y la blusa, o no sale, o sí sale pero uno cree que no porque uno siempre piensa que el bebé quedó con hambre. Y encima los senos pesan, duelen, se rajan, sangran. Entonces, uno odia amamantar pero viene el marido, el médico, el cuñado, el hermano (todos los hombres cercanos) a recordarle a uno lo importante que es la leche materna, que tiene todos los nutrientes, etc... y uno se siente la peor mamá del mundo cada vez que toca darle un tetero de leche de tarro. 

Como si este panorama no fuera suficiente, a los 4 días del parto se me empezaron a hinchar los pies... tanto tanto que el sólo nombre lo explica: me dio una cosa que se llama "Pies de elefante", por la retención de líquidos y la anestesia. Se borraron no sólo mis tobillos sino también las rodillas. Eso se quita caminando mucho, pero el problema es que como camina uno si ningún zapato le sirve... pasé una semana con unas chanclas de mi marido.

Afortunadamente, después del tsunami inicial, todo empieza a volver a la normalidad. Los pies se deshinchan, la herida duele menos, uno se vuelve un poco más hábil para la lactancia, la anemia inicial empieza a curarse y además uno empieza a adelgazar, porque hay que decir que yo salí de la cesárea con una bebé grande y una barriga del mismo tamaño que tenía antes que ella naciera...Esas fotos de modelos que exhiben su bebé de un mes y una cintura de avispa sólo son posibles gracias al photoshop. Por fortuna no me dio depresión postparto ni baby blues ni esas cosas, pero me parece perfectamente normal que eso dé: uno pasar de una actividad laboral intensa a estar todo el día solo en un apartamento, mientras el marido trabaja, con un bebé que llora y llora y llora y uno no sabe ni qué hacerle, y así día y noche...

Dicho esto, confieso que estoy perdidamente enamorada de mi bebé. De solo pensar en que en unos meses volveré a trabajar me da una angustia espantosa. Quisiera ganarme el baloto ya para no tener que trabajar más y quedarme todo el tiempo al lado de Alicia. Me fascina en primer lugar su olor, y que mantiene calientica. Las miradas, las sonrisas, los sonidos... todo es bonito y permite que uno hasta se levante con ánimo cada 2 horas o 3, durante toda la noche, a amamantarla.

Hace una semana salimos a comer con San Juan el médico, y su esposa. Fue mi primera salida nocturna después del parto. La esposa de Juan, que también es médica, me contó que ella estaba muy estresada sabiendo que mi bebé venía con el cordón umbilical alrededor del cuello. Eso como que es más riesgoso de lo que yo supuse. Afortunadamente estuve tan tranquila al momento del parto y sólo dimensioné el riesgo después. Cuando me quitó los puntos, Juan me dijo que en algunos meses muchas de las molestias de esos primeros días se me habrán olvidado. Eso pasa con todos los mamíferos... si no, no volverían a embarazarse. No sé si yo olvide todo o sólo parte, pero por si las moscas, acá quedó escrito, en este ratico que me dejó libre Alicia, mientras ella duerme plácidamente, haciendo ruidos y gruñidos como el ñarrido de un gatico. 

viernes, 3 de agosto de 2012

12 horas




Hace 4 ó 5 meses habría jurado que en este momento estaría muerta del susto, con terror del parto, la sangre, las agujas, el quirófano y el dolor. Algo habré madurado en este tiempo, o para algo sirven los cursos psicoprofilácticos... No sé, el caso es que a 12 horas de la cesárea me siento tranquila, feliz, sin nervios, sin ansiedad, sin malestar y muy serena.

El tiempo vuela. Me parece increible que mañana a esta hora ya no esté embarazada. Espero que no me dé la depresión postparto, pero extrañaré sentir el estómago como una pecera y verlo moverse con las patadas de la bebé: a veces cosquillosas, a veces fuertes y un poco dolorosas. Una sensación indescriptible que genera un vínculo muy fuerte entre ella y yo. Mañana esta sensación desaparecerá y los movimientos que ahora sólo yo siento, serán compartidos con el resto de la familia.

En 12 horas la vida me va a cambiar. Llevo meses oyendo a los papás y mamás que me ven con mi barrigota, repetir la frase: "es que no te imaginas cómo te va a cambiar la vida"... a veces lo dicen con alegría y ternura, pero a veces también con cierto tono de reproche, acompañado de frases como: "y ya pensaste qué vas a hacer?", "quién va a cuidar a tu hija cuando vuelvas a trabajar?", "no has pensado en dejar de trabajar un tiempo?", en cambiar de trabajo?", "en trabajar medio tiempo?"... tienes que bajar el ritmo.
Bueno, en 12 horas me cambiará la vida para bien, para querer más, para recibir más amor, pero no he pensado dejar de trabajar. No puedo y no quiero renunciar a mi vida por la nueva vida que llega. Los hijos son prestados. Mañana recibo a a mi hija prestada, por 17, 18, 20 años, quizás más... Luego se irá de mi lado y hoy, en la víspera del parto, escribo esto para que nunca se me olvide que es prestada, que tiene su propia vida que yo no viviré por ella y que algún día volará lejos y eso estará bien. Mi función consiste en darle alas y enseñarle a volar.

Pero mientras eso ocurre, pienso en lo que pasará mañana. Lo primero es la aguantada de hambre, porque por la anestesia no puedo comer nada. Desde las 7 pm de hoy dejé de comer y beber líquidos. Perfectamente he pasado hasta más tiempo sin comer, pero como lo tengo prohibido entonces pienso en comida: en los helados y los dulces que me pude comer en este embarazo, aprovechando que las embarazadas no nos da migraña (ni gripa ni nada...).

Ya perdí la cuenta de todos los consejos que he oído para mañana y los días posteriores: Que al nacer la mire a los ojos, que le hable, que no permita que le corten el cordón hasta que deje de pasar sangre (no sé cómo hago para saber eso yo, que no soy capaz de ver vísceras ni nada, pero confiaré en San Juan mi médico). Que tome aguas de yerbas varias para que me "baje" leche, que me unte crema de lanolina, paños de caléndula, bebidas de hijojo. Que no haga esfuerzos, que tender la cama es un esfuerzo... Que la dieta son 40 días, ni uno menos... y que la salud posterior depende de estos 40 días.

Por ahora me dejaré consentir de mi mamá hermosa, que me quiere y quiero, y espero que en unas décadas yo pueda hacer lo mismo por mi hijita adorada que nace mañana, aunque desde hace varios meses me hace feliz. 

martes, 15 de mayo de 2012

Bla bla bla bla bla


Esta semana me preguntaron qué antojos he tenido durante el embarazo. Estaba pensando responder que no he tenido antojos específicos, sólo un poco más de ganas por el dulce, cuando mi marido respondió por mí: -hablar, dijo, y yo quedé muda.

Inmediatamente el novio de mi hermana reaccionó: -Ese no es un antojo de embarazada. Es de familia. A ellas les fascina conversar.

La esposa de mi hermano opinó: -No es de familia, es de género: ustedes hablan muy poquito.

Es verdad. Dice un estudio de esos que hacen en universidades gringas o de Europa, en los que siguen a personas durante 15 o 20 años para confirmar que el agua tibia sí es tibia, que las mujeres hablamos el triple que los hombres: Nosotras decimos en promedio 20.000 palabras al día y ellos 7.000.

Claro que esas cifras son el promedio. Yo creo que mi estándar diario es de 25.000 y el de mi marido por ahí 4.000. Hay casos peores: mi hermano debe rondar las 500 al día. Su hija de 18 meses ya conversa mucho, dice monosílabos como sí, no, sopita, pollito, maluco, papito y cosas así. Ella también debe estar hoy por las 500 palabras al día y entonces tienen conversaciones perfectas, con frases de una o máximo dos palabras. Él se siente feliz con un interlocutor de su nivel, pero en pocas semanas ella lo superará. Será más lo que ella diga que lo que él responda.

Mi hermano tiene 31 años y hasta donde sé es una persona normal, o mejor, es un hombre normal, de pocas palabras.

Mi hermano trabaja con un amigo que debe rondar el promedio de 100 palabras al día. A veces almorzamos juntos. No habla. De pronto dice "sí" o "bueno" y eso es suficiente. Es un tipo muy brillante, y supongo que mientras yo hablo y hablo él piensa en cosas interesantísimas, teorías matemáticas o soluciones informáticas muy complejas, pero no lo sabré porque nunca cuenta nada. Mi hermano y él son amigos desde el colegio y se entienden perfectamente. Imagino que hay muchos días en los que aunque están juntos todo el tiempo en la oficina sólo se dicen "hola" y "adiós". Podrían decirse "Hasta luego" o "hasta mañana" pero son dos palabras y prefieren la brevedad.

En todos los consejos sobre las relaciones de pareja dicen que hay que promover el diálogo, y yo me esfuerzo. Entonces por las noches, cuando llego de la oficina, desarrollo mi ráfaga de 25.000 palabras contra las 4.000 de mi marido. Yo le cuento que en el trabajo pasó esto y aquello, que hable con fulano, que leí tal cosa, que almorcé con tal persona, que me fue bien, regular o mal, que en mi familia están todos bien, que hablé con mi hermana y las cosas qué tengo que hacer mañana. Él me responde: "ok" o "bueno" y cuando le pregunto que cómo le fue responde "bien" y cuando le pregunto que qué hizo dice: "nada raro". Eso es el diálogo conyugal. Ahí empieza a hablar el televisor. Ahora estoy embarazada y él dice que hablo más, y como se preocupa por mi descanso entonces a veces me interrumpe el monólogo y dice -Nana, yo creo que es hora de que te duermas ya.

Mi hermana no está embarazada pero el novio le dice lo mismo, sobre todo cuando dan algo bueno en televisión. Cosas de familia.

Cuando eso pasa, se quedan atragantados varios miles de las 25.000 palabras diarias, y uno amanece con saldo en rojo. Ya no tocan 25.000 sino 30.000 o más, lo que quedó debiendo del día anterior. Entonces uno chatea, escribe, habla con la hermana o con la mamá (que son de la familia y tienen el mismo promedio comunicativo). Ahora también tengo la opción de hablar con Alicia. Le canto, le cuento cosas, pero a ratos me siento como esa gente que uno ve en la calle como loca haciendo gestos y hablando sola, hasta que descubre que es que está usando el manos libres del celular.

No se trata de hablar con cualquiera para saldar el déficit de palabras. Por ejemplo yo evito gente aficionada a hablar de enfermedades. Hay personas que son capaces de gastarse las 25.000 palabras en explicar una endoscopia que les hicieron, o un dolor que les apareció en la mano. Que pereza, habiendo cosas tan buenas para charlar. Hay otra gente que gasta todas sus palabras diarias en quejarse, o en inventarse problemas. Gente gris que hace reclamos y dice “pero” todo el tiempo. Horrible.

Así como los interlocutores, los temas van cambiando con el tiempo. Yo creo que adolescente gasté 25.000 palabras o más cada día hablando con las amigas del colegio de tipos con los que habría cruzado 100 palabras. Hay también peleas en las que gasté hasta 50.000 palabras, de las que sobraban todas. Y al contrario, hay temas tabú que merecerían menos silencio.

En fin, esta entrada ya va cerca de las 881 palabras. Mi marido ve televisión en silencio y yo no tengo más que decir. Mi hermano habría dicho en 4 palabras lo que yo dije tan largo. Él habría dicho: “nosotros somos concretos. Ustedes hablan mucha bobada”. O no habría dicho nada. Todo esto le parece irrelevante.

martes, 8 de mayo de 2012

La jefe y la materna

Este fin de semana salió en El Tiempo un informe sobre "los hijos del Estado", según el cual el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar tiene más de 60.000 niños en hogares sustitutos, instituciones o con sus familias pero intervenidas por violencia intrafamiliar y otras cosas. De ésos, 8.294 niños y jóvenes están "en condición de adoptabilidad".

La cifra me impresionó. Tantos niños sin familia, sin hogar estable. Sobre ellos pensé mucho anoche cuando asistí a mi primera sesión del curso psicoprofiláctico: Si fuera obligatorio tomar el curso para quedar embarazado, es decir, enterarse de tanto detalle antes de encargar bebé, muchas más parejas pensarían en serio en la opción de adoptar. Las adolescentes se tomarían más en serio lo de la planificación.

Yo nunca he posado de valiente. Le tengo pavor al parto. Terror. Una prima me contó que cuando estaba embarazada veía todos los programas de Discovery Health sobre partos. Yo en televisión y cine siempre cierro los ojos cuando aparecen sangre, suero, jeringas. Sobre todo la bolsa de suero me causa una debilidad rara. Me pone blandita. Un psicoanalista podría sacarme mucha plata indagando el origen de esa fobia. Por estos días, cuando me hacen la recurrente pregunta sobre si prefiero el parto natural o la cesárea respondo que ninguna de las anteriores. Mi opción es la teletransportación, pero nací en la época errada. O me gustaría como la Virgen María, que iba en un burrito sabanero, llegó a un pesebre y al rato nació el Niño Dios, pero nunca nos dicen que con dolor, con contracciones, con sangre ni nada de eso. La concibieron sin tocarla ni mancharla y así dio a luz. Por obra y gracia del Espíritu Santo. Un milagro así quisiera yo (el del parto, se entiende, no el de la concepción).

Pero como no es posible, ayer empecé el curso psicoprofiláctico. El curso lo dicta una enfermera a la que todo el mundo le dice La Jefe, porque es enfermera jefe, y nosotras somos Las Maternas. No las mamás, ni las embarazadas, ni las señoras, sino Las Maternas.

Esta Materna debe tomar 11 sesiones, cada una de 2 horas, sobre temas varios. Hay algunos con títulos bonitos como "masajes estimulantes" o "respiración y relajación", pero por azar del horario empecé con la sesión del terror: "Cuidados de la mamá después del parto". Uno está todo ilusionado esperando a la bebé, imaginándose su sonrisa y haciéndose el loco con el tema del parto, y llega La Jefe a hacerle a uno un aterrizaje forzoso: En el parto se pierden 500 ml de sangre. si es cesárea se pierde el doble. Por eso si La Materna quiere ir al baño en las siguientes 6 horas después del parto no puede. Tiene que hacer en pato o pañal. O aguantar, porque se puede desmayar. Cuando oí eso le dije a mi marido que yo sí me voy a desmayar, pero no cuando nazca Alicia, sino ya, ahí mismo en plena clase, porque todo lo que La Jefe dice va debidamente complementado por una presentación en power point con fotos y gráficos como para que a uno no se le vaya a ocurrir jamás levantarse después del parto.

Otros detalles: en la maleta para el hospital debo empacar al menos 10 pañales. Quiero decir: 10 pañales para mi, no para la bebé. Nos mostraron uno, no los conocía. Son como unos cucos gigantes, diseño matapasiones, talla única, talla XXL. También hay que llevar 2 pijamas, ojalá tipo bata, ojalá con botones o cremallera adelante, o sea de las que descontinuaron en el mercado hace 50 años. Les decían locas. Es para que las enfermeras puedan poner más fácil los catéteres, el suero... qué obsesión con el suero!

La Jefe tenía una teta de caucho, como una pelota, para explicar los problemas que surgen con la lactancia. Mastitis, agrietamiento, sangrado, congestión. Con razón tantísima publicidad dirigida a Las Maternas, en radio, prensa y televisión, pidiéndonos que amamantemos durante 6 meses, porque es saludable, porque genera vínculos con el bebé, porque ayuda a adelgazar más rápido, porque aumenta las defensas y un largo etcétera. Si eso fuera tan bueno y feliz se vendería solo, sin publicidad, pero ayer con la teta de caucho entendí con suficiente detalle la letra menuda del asunto.

Un dato curioso: Los pezones están conectados al útero (no sé si conectados directamente o cómo... La Jefe no explicó) y cuando el bebé chupa el pezón, el útero se contrae. Amamantar después del parto ayuda a que el útero se cierre más rápido, pero jalar los pezones en el embarazo genera pequeñas contracciones y en el primer trimestre puede ser riesgoso. (En otra entrada ya había contado sobre la hipersensibilidad en las tetas que surge con el embarazo y lo sabroso que eso puede ser... pero ya lo dijo Roberto Carlos: "lo que a mi me gusta es ilegal, es inmoral o engorda.

La Materna estará en el hospital 24 horas si es parto natural y 48 si es cesárea. Yo nunca he pasado una noche en un hospital. Jamás. Lo más grave que me ha ocurrido fue la cirugía para sacarme las cordales. Ahí me cogieron uno o dos puntos en cada muela, me pusieron anestesia local, dolió terrible y me mandaron inmediatamente para la casa. Ahora dormiré en el hospital y en la perspectiva más amable me cogerán puntos en lugar innombrable que se espera que no se infecten, no sangren y en todo caso sí molestarán y arderán (eso dijo La Jefe) y me toca a mí misma hacerles al menos 2 curaciones diarias hasta que se caigan por ahí a los 5 días. Eso si las cosas van bien, porque si se complican habrá cesárea y esos puntos sí duran por ahí 15 días y toca volver a donde el médico para que los retiren.

Como ya hablé de la Virgen María, sigamos con las referencias bíblicas: el curso psicoprofiláctico me pareció muy similar a eso que pintan de Jesús en el Monte de los Olivos, que "vio" todos los tormentos por los que iba a pasar más adelante y le pidió a Dios que le apartara ese cáliz pero que si no se podía pues ni modo. El curso es igual: Materna, ya sabemos que estás muy feliz, pero te vamos a mostrar los tormentos que te esperan. Este cáliz no lo puedes apartar, es el precio que debes pagar, así que aguántate. Venimos a aguar la fiesta.

Pienso en el parto y mejor ni pienso. Me imagino sangre, jeringas, suero, inyecciones, puntos y más sangre. Todo eso me aterra. Me consuelo con lo que me dijo un amigo periodista: "bueno, al menos no hay hasta ahora ningún caso conocido de un bebé que se quede eternamente viviendo ahí. Por algún lado saldrá". No sé por dónde saldrá Alicia, pero saldrá. Entonces reflexiono sobre toda la gente que anda por ahí, que nació en algún momento, surgió de un parto, hubo una mamá que ya pasó por todo lo que me espera y si todas pudieron yo no debería sentir tanto susto. De pronto antes, hace años, muchas mamás iban al parto medio desinformadas o medio engañadas... por lo menos al del primer hijo... y con los otros pues de malas, no había tanto método anticonceptivo. Hoy tenemos mucha información, sabemos más y el curso nos educa. Pero como a las esposas a las que les ponen los cachos, hay cosas que es mejor no saber.

lunes, 30 de abril de 2012

Fealdad

Sigo midiendo 1,62, pero ahora peso 65 kilos. Eso dice la pesa, aunque al levantarme me siento de 80.
 Peso 65 y mis medidas son 100, 100, 104. Casi las mismas de mi hermano.

Tengo granitos en la espalda. Y en los hombros... El pelo se me ensucia más rápido y creo que me han salido vellitos en sitios inesperados (por fortuna no en la cara).

Leí hace poco "La Carroza de Bolívar", una novela de Evelio Rosero Diago. Ahí un personaje le dice a otro que "huele peor que calzón de embarazda". Reflexioné.

Suena feo. Una reina jamás confesaría estas cosas, estas medidas de nevera. Pero yo nunca me había sentido tan orgullosa de mi cuerpo como hoy. Me siento linda y feliz.